MI IDEA PERSONAL :
Juan Francisco Ferrándiz es de esos autores con los que repito cada vez que saca nuevo trabajo, su mezcla de novela histórica con misterio e intriga, gran ambientación, gremios y oficios, dan como resultado unas historias redondas.
En esta ocasión, el autor nos presenta La lonja de la seda, una ambiciosa novela que gracias a su extensión nos permite descubrir todo un entramado que combina misterio, amor, intriga política, simbolismo arquitectónico, catolicismo y creencias paganas, todo ello dentro del marco de la vida social de la ciudad de Valencia en el siglo XV.
La obra nos presenta un hecho real, la construcción de la lonja de los mercaderes, o lonja de la seda, un edificio símbolo del auge comercial y burgués de la ciudad, una construcción cargada de detalles que median en la lucha de lo que hasta el momento eran los privilegios de los nobles frente a la actividad comercial, algo que hasta el momento se había visto como una bajeza y exclusivamente reservada a estratos sociales más bajos que con estas actividades vivían en pecado por el hecho de enriquecerse con estas actividades.
El edificio resulta un personaje más del libro, el hilo conductor, un templo para las actividades del hombre y no únicamente para Dios.
La historia comienza con las introducciones de los que van a ser los personajes protagonistas, Joan Ibarra, un joven cantero con futuro prometedor gracias a su talento para ver el alma de las piedras a las que da vida a través de sus formas.
Este futuro se verá truncado por la muerte de su padre en extrañas circunstancias, por lo que el joven tendrá que afrontar un trauma que lo arrastra a una vida marginal en la calle, momento en que conocerá a Julia, otra niña que crecerá con él y la convertirá en una especie de hermana, motivación y apoyo en su día a día.
"Es duro cuando el corazón va por un lado y la vida, por otro"
De manera fortuita, el maestro Francesc Baldomar, lo rescata de esa decadencia y lo vincula a nuevos proyectos hasta llegar al más ambicioso y que ha de cambiar la ciudad de Valencia para siempre.
Como personaje principal femenino, tenemos a Francesca, una especie de divinidad salvaje, ya que vive en la naturaleza y aplica remedios que a pesar de no verse demasiado ortodoxos, son efectivos y dan alivio a los propios vecinos que reniegan de la forma de vida de la muchacha y de su madre Jordana de la cual ha aprendido a seguir los dictados de la luna a la cual llaman la señora.
Francesca representa la libertad, la naturaleza, el deseo y lo prohibido, algo que de alguna manera hechiza al joven cantero que tendrá que decidir entre seguir su futuro oficio y los cánones que ello conlleva, o dar rienda suelta a lo que dicta su corazón y obviar la razón, con todos los problemas que esto le va a ocasionar.
Como otros personajes importantes tendremos un amplio elenco, todos ellos con importancia durante toda la obra o algunos con introducción más puntual, pero no por ello menos importantes, ya que todos calarán en la historia y en los protagonistas. Estos personajes entremezclan figuras reales e históricas con otras de ficción.
Entre estos destacan la antagonista femenina, Lucrecia de Perellós, una beata de esas que aplican a la perfección lo del fin justifica los medios. Lucrecia es compleja y ambigua, una figura delicada y descendiente de la poderosa familia Perellós, una mujer con obsesión religiosa que lucha contra su deseo contenido y que a través de la manipulación defenderá la importancia de la sangre noble luchando contra el progreso y la transición del momento.
Otros personajes lo forman el gremio de los canteros y constructores, como Pere Compte.
También tendrán mucha importancia la pequeña familia que se va formando junto a los protagonistas como Julia, Lope, Bernat...
Posteriormente aparece el maestro sedero Adamo Rosso y su inseparable Zoraida. Él resulta un personaje sorprendente ya que representa la sabiduría de la vida y el conocimiento artístico importado desde Italia, un humanista que introduce a través de secretos familiares las técnicas más elevadas para crear una seda de la mejor calidad y los más brillantes colores. Un personaje más renacentista que medieval y que transformará la manera de ver las cosas que hasta el momento tenía Francesca.
Zoraida es un personaje enigmático que representa la mujer que ha sufrido hasta el momento que decidió ser fuerte y no sufrir más, una mudejar inteligente y sensual que aporta la melancolía de un pasado tormentoso.
El poeta Ausiás March aparece a través de sus poemas como un personaje más, un símbolo que el autor utiliza para expresar sentimientos en determinados momentos importantes de la novela y de la transición de los protagonistas, un poeta que resultó importante por escribir en Valenciano/Catalán y que sacrificó la idealización trovadoresca por la sinceridad de los problemas cotidianos.
La ambientación de la novela es uno de los puntos fuertes de Ferrándiz que recrea con gran maestría el mundo de los gremios, talleres, conventos, barrios, fiestas y mundo rural, todo ello maximizando las palabras a través de los olores, la piedra, el tacto y los colores, toda una exposición visual para que el lector tenga una sobresaliente experiencia lectora.
Los masones también aparecen en la novela como logia, sus costumbres y simbolismo nos desvela los secretos y los objetivos de "los hijos de la viuda"