MI IDEA PERSONAL :
De vez en cuando me gusta intercalar lecturas clásicas, de esas que suenan mucho pero que no sabes muy bien cual es la trama, en este caso, "El disputado voto del señor Cayo" también fue llevada al cine y tuvo bastante éxito, pero yo no sabía cual era el trasfondo del libro.
El libro nos plantea unas elecciones, pero no unas cualquiera, si no las primeras elecciones democráticas tras el franquismo. Corre el año 1977 y todo el mundo está un poco nervioso, despistado y asustado porque es el momento de que el pueblo decida su futuro, la campaña requiere un impulso para ganarse a la gente por lo que hay que redoblar esfuerzos y acudir hasta el último reducto, visitar incluso esos pueblos en los que no hay ni gente.
La novela está escrita de forma limpia y directa, con el vocabulario selecto que describe al autor, y que varía en cada dialogo dependiendo de la boca del personaje que habla.
La trama va mucho más allá de las elecciones. Delibes siempre encierra un trasfondo de crítica social, un convite a la reflexión de la desaparición del medio rural donde a través del Señor Cayo, veremos cómo una fuente de saber y de conocimiento adquirido a través de los tiempos amenaza a extinguir.
En la novela también destaca esa transición de España, un ritmo acelerado que busca el cambio y también persigue el posicionamiento y el deseo de poder, un cinismo que a veces busca continuar con una dictadura disfrazada de libertad, una manipulación de los "elegidos" hacia los "paletos" que tiene que ser salvados de sus penosas vidas.
Precisamente en esta salvación, es donde la aparición del señor Cayo hace dudar a los candidatos que van a visitarle; le quieren salvar de una pobreza que él no siente, le quieren sacar de una soledad que él disfruta, de un aislamiento que él no percibe, acabando por descubrir que llegado un momento malo sería el propio "paleto" el que podría enseñarles muchas cosas a ellos e incluso salvarlos si las cosas fueran a peor, por lo que en realidad son los salvadores los que necesitan ser rescatados.
El libro me ha parecido lento en su origen, la introducción de los personajes al inicio resulta un poco atropellada ya que se dan bastantes nombres sin llegar a desarrollar ningún personaje, pero no hay que sentir prisa, a medida que avanzan las páginas, la historia va centralizando a los personajes principales llegando a aislar a los tres que viajan, Laly, Rafa y Victor. Cada personaje tiene su idiosincrasia, mostrando como sus prejuicios, sus esperanzas y sus frustraciones van moldeando sus propias opiniones. Pero es realmente, casi a mitad del libro, con la aparición del señor Cayo cuando el texto alcanza su máxima misión y donde empieza a brillar el humor y la socarronería que caracteriza a Delibes. A través de frases cortantes pero contundentes, respuestas en formas de preguntas, y onomatopeyas que dan todo por dicho, el señor Cayo se presenta como un ser superior, un ente que llega a maravillar e incluso a transformar la visión que hasta ese momento tenían en sus cabezas los redentores.
Resulta especialmente impactante observar como los personajes jóvenes hablan desde una superioridad, creyendo poseer el saber de lo que necesitan los demás, especialmente las personas mayores y de pueblo a las que ni siquiera se dedican a escuchar, una falta de atención que el autor intrínsicamente reclama como fondo de la novela.
Como en todas las novelas de Delibes, la lectura deja un profundo poso en el lector, una oscuridad cargada de pena que ya en los años 70 firmaba sentencia de lo que hoy es la España vaciada. Un veredicto que no solo hablaba de números de personas o de habitantes, si no que presagiaba la pérdida de todo el conocimiento y sabiduría que daba esa forma de vida.
El señor Cayo está muy presente hoy en día, ya que no pretende demostrar nada, el vive su día a día sin necesidad de justificarse, disfruta de sus silencios y de sus pensamientos, y le vale con echar un párrafo cada 15 días con el de la Coca cola, un repartidor que pasa por allí camino de pueblos mayores. Nada que ver con la sociedad exhibicionista actual en la que necesitamos mostrar a través de redes todo lo que hacemos.